lunes, 2 de febrero de 2015

Madrid

Puede que fuera Madrid, que me enfrió las pestañas para congelar cada imagen de mi calendario. El vagón del tren lleno de gente, la loca que se sentó a nuestro lado contándonos su vida, tu risa, sobre todo tu risa. Siempre la sacas a cualquier precio y en cualquier tren. Me gustó llegar a Atocha y seguir congelando tus maneras. Te congelé los besos en Sol. Los tengo guardados para siempre, tonto, que no te enteras. Te congelé un par de miradas, pero sinceramente, describirlas se me queda gigante. Paralicé el tiempo y los rincones, mientras me enseñabas los ministerios y las plazas (y tus sueños). Te grabé también la voz, porque te brillaban demasiado las palabras. Cervezas, orujo, cogernos de la mano y otras formas de empinarnos la ciudad sin miedo, fue lo que me caló las verdades que rondan nuestra historia. Y mira que nadie dijo que fuera fácil, pero joder, qué fácil está siendo. Qué sencillo es tenernos, y qué importante saberlo. No sé si fue Madrid, Las Rozas, tu gente, o tu felicidad permanente, esa que me tatúas en la espalda, día tras día, y hace que no me venga abajo. Paseas mi comodidad a tu antojo, sin darte apenas cuenta de que voy enfriando momentos y te quieros.

"Que se juntó todo
para llenarme las ganas
de quedarme tus instantes
(y congelarlos)
Para llenarme las ganas
De desordenarme el año entero
De subirme y bajarme de cualquier vagón..."

(Y de volver a Madrid claro :)

Qué coño, se juntó todo porque las cosas, cuando no se fuerzan, salen solas.

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