miércoles, 20 de noviembre de 2013

No. Sí


No. Sí. No Hizo bien en alejarse de la comisura de sus labios. Del lunar de su cadera y de su locura. Sobre todo de su locura. No Hizo bien en alejarse de la línea de sus caderas. Ni De su pecho. De sus andares raros y de su cigarrillo. Ni siquiera sabía fumar. No Hizo bien en irse lejos de su forma de peinar el paisaje, de su manera de comer con la mirada y de besar con las pupilas. Cuanta menos más distancia mejor. Cuanta menos más lejanía de sus gestos de cuento de hadas y de sus palabras de azúcar, mejor, mucho mejor. Cuanto menos más alejado de sus abrazos inevitables, esos que desencarcelaban los sentidos y le daban quitaban libertad, más acertaba.  Cuanto menos más se olvidaba de los besos que dibujaba en sueños y que luego se hacían realidad en un abrir y cerrar de pestañas, más claro tenía  que lo estaba haciendo bien. Sí. Definitivamente estaba siendo una decisión desacertada.





domingo, 10 de noviembre de 2013

Recuerdos


Nos quedaba indeleble el recuerdo
y nos quedará.

Lo vivido es capaz de todo,

incluso de no saber discernir.
Incluso de estar ahí, perenne.
Capaz de no saber qué sentir. Qué llorar. Qué olvidar exactamente.
Hasta bloquear el paso de los sueños,

y las lágrimas.



Las que nunca verá nadie.









Supongo que a veces te dejo ganar


Supongo que a veces te dejo ganar. Salto hasta que voy a chocar contra el suelo y justo cuando voy a tocarlo abro los ojos. Luego hago como si no supiera nada y me dejo asaltar por tus pupilas. Me quedo callada. Como si alguien me hubiera robado las ideas. Al final el impacto es más pequeño y todo se suaviza. Lo que pasa es que sé que si no hacemos algo el hielo durará mil años. Y el miedo me sacude los brazos hasta verlo todo a cámara lenta. Hasta que dejo de entenderlo todo. Incluso cosas fáciles de entender. Ya ves, soy una loca, y son más de las diez. Y aquí podría seguir mil años, hasta desaparecer.
 
 

Inexistencia


Hay cosas que se lleva el tiempo. Cosas que ya no vuelven a ser igual. Por mucho que las sueñes o las escribas. Por mucho que las digas o las calles. Las llores, las mastiques, las cosas con aguja e hilo…Y mira que las gritas, las sudas, las tiemblas, las descoses, las “insomnias”, las vomitas, las muerdes, las relajas, las pisas, las arrojas al váter,  o simplemente, las ignoras. Pero entonces enloqueces. Huyes. Saltas. Ni siquiera te despides. Y por mucho que las calmes, que las golpees, que las maltrates, que las cuides, que las intentes, que las duermas…llega un momento en que ni existen. Se convierten en nadas. Cuando el vacío se llena de nadas. De nadas que te ahogan, de nadas que te anclan las alas y las ganas… cuando esto pasa, inevitablemente, dejas de existir.





La inexistencia forma parte de la existencia, la vida es un caos dentro de un poco de orden. Y tenemos que estar todos un poco locos, para no volvernos locos del todo. No existe nadie "normal", porque todos existimos y dejamos de existir en algún momento de nuestra vida. Ya sólo por eso, la palabra "normal" pierde su sentido más completo, y la palabra "vida" cobra su significado más irracional. Como decía Sabina "y la vida siguió como siguen las cosas que no tienen mucho sentido".