sábado, 26 de octubre de 2013

Cambio de look


¿Sabes coser? Cóseme el cuerpo. Llevo varios rotos en la línea de la cintura, a la altura de las caderas se me han hecho agujeros de desconfianza y justo al lado del pie derecho me baila un poco la intranquilidad. Cóseme también el pelo... Se me caen mechones de impaciencia y se me caen las ganas. Y mira que... nunca me faltaron ganas. Cóseme bien, despacio, ponte las gafas y música buena de fondo, no quiero prisas, que luego parezco una marioneta mal remendada y me molestan los hilos... Cóseme bien. Que no parezca que he estado tan rota. Que parezca simplemente que me he enganchado en algún sueño lleno de lágrimas vivas. Disimula y coge una aguja de las finas, de las que no dejan señal, de las que matan lágrimas y se dejan llevar... al son de mis latidos. Encuentra mis latidos... Cóseme los sueños (están en el bolsillo izquierdo, donde huele a ti). Cóseme las palabras que se me van quebrando en la garganta. Y ya de paso dale un punto o dos al beso que tengo atascado en la boca, justo en la comisura (lleva cuidado, escuece mucho). Gracias de antemano... Y ya sabes...
Ponme guapa, no me dejes marcas.

domingo, 13 de octubre de 2013

De puntillas


Viene la vida de puntillas a veces, señalando, y te hace caerte despacio, a cámara lenta. Levantarnos es la reacción que nos late con más fuerza, hasta que conseguimos no volcar, permanecer en pie. Se llama “magia” y todos la tenemos cuando nadie nos entiende. Mejor sonreír.

                                                                                                                                
                                                                                                                         Somos magos





 

miércoles, 9 de octubre de 2013

En columpios


Vamos a colgarnos del cielo en cada paso, balancearnos la pena, la rabia y la alegría. Vamos a gritar silencios y a callar palabras. Columpiarnos la sonrisa y desafiar a la gravedad de la tristeza. Subir y bajar felices, con el viento en la cara y los pies rozando el suelo. Con la mirada en las nubes y las rodillas temblando, de frío o de miedo, pero siempre fuertes, siempre bailando. ¿Y las lágrimas? las lágrimas a veces salpicando el cielo, mientras nos tenemos, lloviéndonos; rozándonos los sueños con la punta de los dedos; bebiéndonos a morro cada uno de los viajes y domingos; de los cafés recién hechos y los vinos con sabor a invierno. O los inviernos con sabor a vino, como prefieras. Pero juntas, tú y yo. Con nuestros complejos, o sin ellos. Simplemente, tú y yo.
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