sábado, 5 de enero de 2013

Días sin escribir


Días sin escribir de color ceniza claro, del olor de la parte derecha de tu clavícula, del tacto de la cicatriz que te atraviesa el pulmón y de tu capacidad para hacer que se me olvide que escribo. Lo que pasa es que la mayoría de veces escribo cuando estoy triste, y es que llevas una temporada haciéndome hoyuelos en la cara, y un castillo, sobretodo un castillo. El de princesa que antes no me gustaba. Ahora me encanta y no puedo dejar de sonreír. Y mira que han disparado por fuera varias veces, pero siempre has estado ahí, volviéndome a construir cada sonrisa, cada parte de mí que pierdo a veces, pero que enseguida tú me la vuelves a encontrar. Esta vez sí mataste mi miedo con mil disparos. Perfecto asesino. Este 2013 neoyorquino es el principio del resto de nuestra vida, y tiene pinta de besos rojos por todas partes. Ya no tengo miedo a los monstruos de debajo de la cama que me solían gritar. Ya no hay más imposibles, señor del antifaz.

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