lunes, 25 de junio de 2012

Hay cartas urgentes que llegan cuando ya no hay nadie

Cuando daban las doce cambiaba el papel de princesa de cuento por el de puta barata en bares de curar heridas. Chupa de cuero y labios rojos. Cada trago a la copa era una palabra que no le iba a decir. Cada mirada a otra persona era una mirada que no le dedicaba. Cada calada al cigarro era un beso en la boca que jamás volvería a darle. Cada sonrisa... un polvo en una cama de alquiler de aquella noche de jugar a olvidarle una vez más. Noche de ganar la partida. Pero por la mañana amanecía con el rímel corrido, las medias rotas y la mirada perdida. Y ese escozor...sobretodo ese puto escozor que no cesaba y le recordaba que hacía trampas jugando... que el jaque mate en realidad era mentira...que las lágrimas “muertas” al día siguiente resucitaban con los primeros pestañeos. Ojos vidriosos. Imágenes que sacudían su resaca y difuminaban las carcajadas disfrazadas de chica valiente. Esa que sólo volvía a las doce de la noche siguiente con el quemazón del segundo trago de verdades a medias, dejando la huella del pintalabios en el vaso, sabiendo que en el fondo tenía la tristeza siempre ahí, escondida poniéndose guapa…
 



"Escribo sobre ti desde hace mucho...incluso antes de conocerte...y si no te tengo aquí...te veré en mis sueños." Iván Ferreiro

domingo, 3 de junio de 2012

La clave está en los charcos


Si todavía no te has dado cuenta de lo "único" que eres, deja de mirarte en el espejo y mírate en los charcos, que ya lo recitaba Fito.  Cuando lo consigas tendrás la fórmula para dibujarte. Y es que ya le cantaba Calamaro a la libertad. Y Sabina a sus cuarenta y diez ya sabía de lo que hablaba. Y yo... yo ya estoy rompiendo todos los espejos (eso de la mala suerte es una tontería). Que para ser feliz primero hay que ser libre. Libre de prejuicios, libre de rencores, libre de miedos, libre de costumbres, libre de todo lo negativo que nos inyecta la sociedad desde que nacemos. Las personas que se miran en los charcos lo saben. Saben que los espejos no son para los valientes, son para los presumidos. Y entre ellos se miran y sonríen.
   



                                                                    Saben que tienen el mayor poder de todos.