miércoles, 4 de mayo de 2011

“Suicidio”


Nunca más volvió a escribir. Se quedó triste para siempre, como un sauce, inmóvil y en silencio, respirando despacito para no hacerse daño. Le dolían los dedos y los latidos. Le dolía el tic-tac de los lagrimales (ya no hablaba con nadie). Permaneció quieta. Hasta incluso cuando la palabra “siempre” dejó de tener sentido. Había perdido la batalla contra la cobardía y el amor por ella misma. Le sangraba la tristeza. Por eso le escocía tanto al respirar, por eso suicidó su tiempo y por eso perdió todo lo demás, hasta sus poesías.



Avanzamos o retrocedemos con un único poder, el de la mente. Muchas veces lo infravaloramos, y no nos damos cuenta de que es el único poder que nos puede hacer felices, nosotros mismos, nuestra forma de vivir. Somos víctimas de lo que nos pasa: enfermedades sin importancia, lesiones, desengaños, decepciones, tristezas, cobardías, problemas, paranoias, miedos, inseguridades, pequeñas depresiones. Y ésto nos pasa por nuestra forma de mirar. Miramos sin mirar. Miramos sin mirar. Despierta, eres todopoderoso y no lo sabes. Abrázate. Deja de sobrevivir a tus propios asesinatos, y vive de una vez. Sonríe.




Es todo lo que tengo, el oro de mi tiempo: soy rica, y disfrutaré de mi oro mientras sonría,  sólo mientras sonría. Yo tengo el poder.






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