viernes, 8 de abril de 2011

Día ordenado


Hoy hubiera preferido que me desordenaras la cama. La mente. El contorno. Que me editaras a mí, desaturando mis dudas con tu boca, coloreando con tus dedos mis grises, dibujando las líneas de los huecos de mi silueta, que se han borrado con el tiempo, cabizbajo. Hoy hubiera querido andar por mi País de las Maravillas con tu tratado puesto, sin ordenar nada, simplemente hecha a la justa medida de tus deseos. A la justa medida de tu sudor. Comiendo galletas sonrientes y sin caber por las puertas. Incluso he intentado quedarme a vivir en tus ojos, dándole un bocado a la galleta azul, la que me hacía pequeña…pero enseguida te has puesto las gafas y me has bloqueado el paso. Y me he quedado pequeña. Hoy trataré de buscar el desorden por otro lado, aunque tenga que crecer por el camino chancleando, y alimentarme de los no-besos que me has dado. Odio los días ordenados.


Necesito unos zapatos nuevos,
los que llevo se me han quedado grandes y me rozan la tristeza.








3 comentarios:

  1. Tienes razón, yo también querría que alguien pusiese mi vida patas arriba, como la foto. Si no se viven las emociones y no se hace experiencia de ellos, no vivimos realmente. Un saludo.

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  2. Nos aferramos a lo cotidiano, repetimos los días, paramos el reloj.
    Voto por la entropía

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