miércoles, 27 de abril de 2011

Besos enterrados


El tono del pintalabios de su boca ya estaba desgastado. Su mirada era contradictoria. Una mezcla de ira y decepción ahogadas, entrecortando el momento agónico por una respiración suplicante, un brillo esperanzador en el iris y un gesto desesperado que la hacían demasiado vulnerable. Demasiado suya, él lo sabía. Se aprovechaba del temblor que originaba en su voz, de la inseguridad de su naturaleza y del color pálido de su rostro que generaban sus palabras de hierro. La supeditación de su figura era demasiado evidente, demasiado frágil, desvalorada. El prestigio de su pasión ya lo había perdido hace tiempo, cuando se produjeron aquellos incendios de hielo. Cuando tenía que haber marchado para siempre y haberse buscado en otro sitio, muy lejos de allí. Y haberse encontrado en la playa, desnuda, comiendo un helado de chocolate, riendo tristezas y alumbrando al sol.


(con los labios rojos)












No hay comentarios:

Publicar un comentario