miércoles, 9 de marzo de 2011

En tierra de nadie


Lluvia de recuerdos arrugados,
recuerdos que me mojan las manos
y me resbalan las vivencias que toco.
Llora el cielo y pienso.

Los grisáceos proliferan, empapados
de gotas lejanas, de vacíos inertes
en humerales callados blancos y negros,
y verdes de líquenes tímidos.

Respiro la tierra, la distancia, el secreto.
Imágenes de azúcar que caducan borrosas,
insípidamente extrañadas,
se intuyen un poco al mojarse y huelen.

El agua me erosiona la mirada caliza,
el brillo de la córnea ya es mate y casi fósil.
El helor satura la imagen grabada en super 8
y voy perdiendo el aroma con prudencia entre los musgos.

El olvido perezoso hace cauta la mella,
pero nunca acaba su trabajo marmóreo.
Siempre se queda un rato, taciturno.
Ni se ahoga ni se seca, se humedece.

Me meto y enciendo la chimenea,
y espero a que alguien me linterne el mundo,
yo misma o mis versos, aunque no los lea nadie,
aquí dentro por lo menos, escribo y me resguardo.



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