domingo, 6 de febrero de 2011

Semen


Me hubiera quedado una hora sentada en el váter enfriándome los pies descalzos. Mi mirada yacía perdida y extasiada por el momento que acababa de comernos. Lo intentaba memorizar para siempre mientras me despojaba de tus restos. Me declaraba demasiado perfecta. Demasiado viva. Demasiado tuya. Tú impasible. No te dabas cuenta, pero brotaban todavía gemidos vulgares dentro de mí, “hormigueándome” el estómago y retumbando en mis brazos. Por eso luego te apretaba tanto. Te dormiste enseguida…como si te bastara con mi vaho para respirar. Parecía que nunca más fueras a despertar (y no necesitaras despertar). Yo mientras intentaba congelar ese momento nuestro, para volverlo imperecedero en mi retina de sabores.



Los días que mi fragilidad te eche de menos, pienso pulsar el botón de la máquina del tiempo y volver a ese instante yuxtapuesto para  sentirme perpetua e infinita de nuevo, todopoderosa, la Reina de las Hormigas.



1 comentario:

  1. Suelo hacer este tipo de cosas, me embebo de cada segundo, busco fijarlo en la memoria para no perderme detalle, me aferro a gustos y aromas y lo dejo por aquí cerquita, para sumergirme cada vez que lo necesito...

    Beso

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