domingo, 26 de diciembre de 2010

AMOR

Pude tocar con los dedos la melancolía y llegar arrastrándome hasta el calvario. Pude escribir la poesía más triste y no lo hice, pues las manos se me habían dormido. Lloré hasta que mis latidos dieron el último “si-no” y llegué hasta el rincón más oscuro e inhóspito, donde no había nadie y donde no paraba de llover. Me puse a morir despacio, con alaridos que sabían amargos y que se astillaban como espinas en mis desgastadas entrañas. Me llegué a morir, cerré los ojos y solo pude sangrar una palabra, gota a gota por el lagrimal.

2 comentarios:

  1. En el amor siempre hay desiertos
    y en los desiertos oasis.
    Felices fiestas!!!

    :)

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  2. estoy de acuerdo Jorge!felices fiestas a tí también...;)

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